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Valentina

Valentina nació el 13 de agosto de 1998 en el hospiral de su pueblo en Arezzo, Italia. Durante su nacimiento, el personal del hospital sospechaba que Valentina tenía síndrome de Down por sus facciones faciales y las líneas transversales en sus palmas. Este se convirtió más tarde en su diagnóstico, cuando fué confirmado por una prueba cromosomal.

Sin importar las noticias desconsoladoras, sus padres no se dieron por vencidos. Ellos creían fuertemente que algo podía hacerse para cambiar el futuro de su hija. Entonces, ellos comenzaron a visitar muchos hospitales, centros de rehabilitación, especialistas y la Asociación para Niños con Síndrome de Down en Roma, todo con la esperanza de aprender el tratamiento adecuado para su hija.

Mientras continuaba su búsqueda ellos encontraron el libro de Glenn Doman Qué Hacer con Su Niño con Lesión Cerebral, y el libro de Raymundo Veras Niños de Sueños, Niños de Esperanza.

Habiendo leído estos libros se dieron cuenta de que habían encontrado la respuesta para el problema de su hija, así que hicieron tres cosas inmediatamente: se inscribieron en el curso de video Qué Hacer con Su Niño con Lesión Cerebral en Italia, se pusieron en contacto con otros padres que estaban haciendo el programa de Los Institutos para recibir más información acerca del programa y ellos diseñaron y comenzaron un programa de tratamiento en casa basado en la información que había obtenido.

Valentina estuvo muy bien con el programa diseñado y llevado por sus padres. Entuasiasmados por este hecho, ellos atendieron el curso en marzo de 1990, y luego crearon con éxito un programa más intenso y efectivo para su hija.

Los padres de Valentina entonces sometieron su solicitud para el Programa de Tratamiento Intensivo. En su evaluación inicial en octubre de 1989, Valentina tenía catorce meses de edad. Ella reconocía fotos familiares, entendía a un nivel de 18 meses y tenía habilidades táctiles a un nivel de 12 meses. Ella no podía rastrear, no decía ninguna palabra que sus padres pudieran entender, y no tenía oposición cortical en ninguna mano. Su edad neurológica en ese entonces era de 9.47 meses y su tasa de crecimiento era del 67 porciento.

Un año más tarde el personal vió a Valentina por primera vez en Filadelfia. Ella era una niña completamente diferente. A los 26 meses, Valentina podía leer cientos de palabra y más de tres docenas de libros hechos en casa, entendía a su nivel o más arriba, podía caminar una distancia larga sin caerse y había comenzado a correr. Valentina hablaba cuando menos 39 palabras y como 10 pares de palabras, y tenía un entendimiento táctil de una niña de 18 meses. Su edad neurológica en ese entonces era de 23.56 meses, y su tasa de crecimiento era del 90 porciento con respecto al promedio.

El programa de casa de Valentina ha incluído lo siguiente:

Su progreso durante los siguientes años fué constante y consistente, y Valentina y sus padres nuevamente lograron excelentes resultado con su programa. Cuendo el personal la vió durante su revisita en septiembre de 1993, ella demostró que estaba por arriba del promedio fisiológica, física, intelectual y socialmente. De acuerdo con sus padres, los únicos problemas que le quedaban a Valentina eran la habilidad de negociar pasos debido a su convergencia no perfecta, y la dificultad de utilizar dos manos juntas para actividades como abrochar botones, ponerse los zapatos y atarse la agujetas.

A la edad cronológica de 61 meses, la edad neurológica de Valentina era 58.42 meses, lo que significa un 95 porciento de normalidad. Su tasa de crecimiento en general en los 47 meses previos ha sido 104 porciento de lo normal, lo cual es 1.5 veces más rápido que su velocidad inicial.

Sus padres y el personal estuvieron de acuerdo que Valentina había hecho un excelente progreso neurológico durante sus 35 meses en el programa de Los Institutos. Todo lo que ella necesita ahora es la oportunidad de aprender como sobrevivir en situaciones de vida reales. Es claro que resolviendo retos prácticos y sociales diariamente ella pulirá los problemas que le quedan. La solución más efectiva para Valentina ahora se convirtió en la vida misma.

 


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