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Alejandra Perez Ricart

Esta es la historia de una joven niña que sobrevivió -y destacó- debido a la enorme determinación de su madre de componerla y a la información que ella aprendió en el libro y el curso Qué Hacer con Su Niño con Lesión Cerebral.

Alejandra Pérez Ricart tuvo un nacimiento difícil el 8 de marzo de 1991. Aunque su madre había dado a luz por cesárea cuatro años antes, fué decidido que este bebé nacería normalmente. El embarazo no tuvo complicaciones pero durante el parto el útero de la madre no pudo con el estiramiento y se razgó. Cuando el bebé fué extraído vaginalmente doce minutos más tarde, le dijeron a la señora Ricart que su bebé estaba muerto.

Quince minutos después del nacimiento, el bebé lloró. Increíblemente, la recién nacida Alejandra había sobrevivido. Ella comenzó a tener convulsiones y sufrió una hemorragia en el cerebelo. Se le dió medicina, pero en lugar de 10 miligramos, se le dió por error 100 miligramos.

Tras este error tan grave, Alejandra durmió por diez días. Sus padres no estaban seguros si ella no se movía debido a la lesión cerebral o debido a la medicina. Cuando despertó, ella no podía mover su lado derecho, no podía succionar y no tenía visión. Después de cinco o seis días, la bebé comenzó a succionar pero fué alimentada a través de un tubo.

A la edad de veinte días, Alejandra fué dada de alta y llegó a casa. Su madre sabía que su pequeña bebé tenía problemas y empezó a buscar ayuda mientras se le hacían muchos exámenes a la bebé. Durante este periodo la bebé movió su lado derecho.

La Sra. Ricart obtuvo una copia todavía sin publicar del libro Qué Hacer con Su Niño con Lesión Cerebral en español. Ella tenía una amiga que había ido a Los Institutos y que más tarde ayudaría a la familia Ricart con los patrones.

Cuando Alejandra tenía tres meses, su mamá comenzó un programa hogareño basado en la información aprendida en el libro. Ella deseaba tomar el curso en video pero no podía debido a la edad tan temprana de su bebé.

De cualquier manera, un año más tarde la Sra. Ricart pudo tomar el curso. Durante esa semana ella aprendió cómo evaluar a su hija. Ella descubrió que los niveles del cerebro medio de su hija eran todos perfectos pero que tenía algunas calificaciones funcionales a Nivel IV. Su movilidad era la más baja; los doctores habían diagnosticado a Alejandra como atetoide espástica.

Desde este punto en adelante, la Sra. Ricart comenzó a trabajar sin descanso dándole a su hija el mejor programa posible. Aunque ella deseaba agregar las mascarillas, el neurólogo de Alejandra no aprobó ese programa para la pequeña niña.

Durante los próximos años, el programa de Alejandra fué diseñado y llevado enteramente por sus padres, basado en la información del libro y el curso. En mayo de 1997, cuando Alejandra tenía seis años, ella estaba corriendo un kilómetro al día y dos kilómetros dos veces a la semana, y ella estaba nadando tres veces a la semana. Ella había pasado el exámen para asistir a la Escuela Alemana en la Ciudad de México, dónde tuvo muy buena actuación.

En mayo de 1997, la Sra. Ricart les dijo al personal de Los Institutos que visitaban la Ciudad de México en ese entonces que Alejandra podía leer cualquier cosa y que podía escribir y entender perfectamente. Ella notó que Alejandra también tenía una muy buena memoria.

Sabiendo bien el poder de los programas de Los Institutos, la Sra. Ricart ha enviado a muchas familias al curso. Aún el neurólogo de Alejandra ha comenzado a creer en el programa.

Sin importar el éxito de su hija, la Sra. Ricart planea continuar con el programa hasta que ella esté segura que todos los pequeños detalles de la salud neurológica de Alejandra hayan sido corregidos. Cuando ella esté perfectamente bien -y probablemente mejor- los Ricarts sabrán que juntos han escrito un final completamente diferente en la vida de la joven Alejandra.

 


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